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Así se despide el verano en los pueblos de Mallorca

Así se despide el verano en los pueblos de Mallorca

Actualidades

31 agosto, 2026

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Hace apenas una semana, el 23 de agosto al atardecer, las calles de Montuïri se cortaban al tráfico y el pueblo entero se apretaba en la Plaça Major. A las seis y media en punto —ni un minuto antes, ni uno después, porque así lo marca una tradición que no se salta— salían los Cossiers: seis bailarines vestidos de blanco con faldas de colores superpuestas, una dama y un demonio llamado Banya Verda que persigue a los niños entre risas y gritos por las calles del pueblo. Los xeremiers tocaban al ritmo de la tonada tradicional mientras el grupo bailaba frente a la rectoría, camino a la iglesia para las Completes de la revetla de Sant Bartomeu.

No es una recreación para turistas. Es la misma danza que se baila en Montuïri desde, como poco, 1750 —este año se cumplen 276 de historia documentada—, reconocida en 2018 como bien de interés cultural. Al día siguiente, 24 de agosto, día grande de la fiesta, el pueblo entero volvía a la plaza para las corregudes de cintes i joies, y esa misma noche, un sopar a la fresca en la calle: mesas largas, pa amb oli, sobrassada a la brasa, algún gató de almendra de postre y vino de la tierra, hasta que la traca final cerraba la fiesta.

Un calendario que no coincide con el de la costa

Mientras la costa vive su semana más llena del verano, el interior de Mallorca sigue un calendario completamente distinto, marcado por el patrón de cada pueblo. Sineu y Campos celebran estos días su Mare de Déu d'Agost; Alaró y Porreres, Sant Roc; Consell tiene su propia versión de Sant Bartomeu con "la Capta", pregón y correfoc; Llucmajor honra a Santa Càndida. Son fiestas que no salen en ninguna guía turística de playa porque no están pensadas para el visitante de una semana: están pensadas para el vecino, y eso se nota en todo, desde el horario —empiezan cuando el calor afloja, no antes— hasta el hecho de que buena parte del programa lo organiza la propia gente del pueblo, no una productora de eventos.

Lo que se pierde quien solo conoce la costa

Quien alquila cada agosto un apartamento en primera línea y vuelve a su país en septiembre se lleva un recuerdo de playa, cala y puesta de sol. Quien vive todo el año en uno de estos pueblos del Pla de Mallorca se lleva algo distinto: sabe qué noche hay verbena, a qué hora conviene aparcar el coche fuera del casco antiguo, y qué familia lleva generaciones haciendo la coca de trampó que se vende en el mercado. Es una forma de vivir la isla que tiene poco que ver con la temporada alta, y que solo se descubre —de verdad— desde dentro.

Ya hablamos de algo parecido cuando recorrimos Pollença un domingo de mercado: esa idea de que la vida real del pueblo mallorquín sigue un ritmo propio, ajeno a la temporada turística. Lo mismo ocurre en clave urbana en nuestro artículo sobre los barrios con alma en Palma: pueblo o ciudad, lo que buscan quienes se instalan aquí de verdad es esto, no la postal.

Si esta forma de vivir Mallorca le atrae más que la primera línea de playa, en nuestra sección de propiedades destacadas encontrará opciones en pueblos del interior, y nuestro servicio para compradores le puede ayudar a valorar cuál encaja con lo que busca.

Para quien quiera revivir la fiesta de este año con más imágenes y detalle, Última Hora recogió la víspera de Sant Bartomeu en Montuïri, y Illes Balears Travel explica el origen de los Cossiers con más profundidad.

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