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De les Verges a Tots Sants, así se vive el otoño más dulce de Mallorca

De les Verges a Tots Sants, así se vive el otoño más dulce de Mallorca

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14 Oktober, 2026

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A mediados de octubre, en una esquina de su barrio, aparece de un día para otro una caseta pequeña con una olla enorme de aceite. A media tarde ya hay cola. Huele a masa frita y a azúcar, y la gente pide «mig quilo» sin mirar el cartel. Si acaba de llegar a la isla, quizá no sepa qué se celebra. Sus vecinos sí: llegan les Verges.

Las dos semanas que van del 20 de octubre al 1 de noviembre tienen en Mallorca un sabor propio. Primero los bunyols, luego las castañas, los panellets y los rosaris. Es un pequeño calendario dulce que no sale en las guías y que, sin embargo, cualquier residente le sabrá explicar con detalle.

La noche de les Verges

La víspera del 21 de octubre, festividad de Santa Úrsula, la isla celebra la revetla de les Verges. La fiesta remite a la leyenda de Úrsula y las once mil vírgenes, y durante siglos tuvo un ritual muy concreto. Los jóvenes cantaban serenatas bajo el balcón de la chica que pretendían, y ellas les correspondían con bunyols y vino dulce.

Hoy las serenatas sobreviven en pocos pueblos, y casi siempre con alguna tuna que no perdona el «Clavelitos». El gesto, en cambio, ha encontrado otro sitio: los colegios. Allí los chicos regalan un clavel rojo a sus compañeras y ellas invitan a buñuelos. No hay balcón, pero la idea sigue siendo la misma.

Bunyols de forat y bunyols de vent

El bunyol de les Verges no se parece al de otras regiones. Es una rosquilla con un agujero en el centro, hecha con harina, patata o boniato, levadura y huevo, frita en aceite y rebozada en azúcar. Se come caliente, en un cucurucho de papel, y se compra por kilos. Muchas familias lo encargan con días de antelación para no quedarse sin él.

A su lado han ganado terreno los bunyols de vent, más parecidos a un profiterol y rellenos de nata, crema o trufa. Los puristas defienden los de forat. Los niños, casi siempre, prefieren los otros. Los días fuertes son el 20 y el 21, aunque los puestos abren unas semanas antes y la temporada se estira hasta Tots Sants.

Un consejo de residente: si ve una caseta con cola en su calle, póngase en ella. Los mejores bunyols se fríen al momento, los hace alguien con la receta de su madre y casi nunca tienen página web.

Tots Sants, castañas y rosaris

Diez días después llega Tots Sants, el 1 de noviembre. Es una fiesta de recuerdo: las familias visitan los cementerios y llenan las tumbas de flores, sobre todo de crisantemos. Pero también tiene su mesa. En los días previos aparecen en las esquinas las castanyeres con su brasero, las pastelerías llenan los escaparates de panellets de almendra y piñones, y vuelve el dulce más mallorquín de la temporada, el rosari.

El rosari de Tots Sants es un collar de dulces. Tradicionalmente lo regalaban los padrinos a sus ahijados y los abuelos a sus nietos: un hilo con fruta confitada, caramelos, bombones y pequeños mazapanes, rematado con una medalla de calabaza confitada. Hoy convive con versiones de gominolas en cualquier supermercado, pero algunos hornos artesanos de Palma siguen montándolo a la antigua, con panellets, rosquillas de anís y panets de mort. Si tiene niños en casa, o nietos que vienen de visita, es un regalo que se recuerda.

Una isla que cambia de ritmo

Para quien vive en Mallorca todo el año, estas semanas son algo más que un calendario de dulces. Es el momento en que el verano se despide de verdad, los pueblos recuperan sus plazas y el horno de la esquina vuelve a ser un punto de encuentro. Las conversaciones en la cola de los bunyols dicen más de un barrio que cualquier folleto inmobiliario.

Por eso, cuando alguien nos pregunta dónde comprar, solemos hablarle de los barrios de Palma que los residentes siguen eligiendo por su forma de vivir, y no solo de metros cuadrados. Ya contamos que la gastronomía mallorquina empieza en el mercado y que el otoño arranca en Binissalem con la Festa des Vermar. Les Verges y Tots Sants son el capítulo siguiente de esa misma historia, la de una isla que se disfruta los 365 días del año.

Este año, el 20 de octubre, haga cola. Pida medio kilo. Y cómase el primero allí mismo, todavía caliente.

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